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lunes, 3 de agosto de 2026

La historia de los hoteles clásicos de San Sebastián, en imágenes

Hotel du Palais (1903-1916). En la manzana de la Avenida 21.
Se cerró durante la I Guerra Mundial. Fue derribado para la
construcción de cinco magníficos edificios de viviendas.

Este título, que hace alusión al de la célebre novela 'Grand Hotel Europa' de I.L. Pfeijffer, en la que el autor reflexiona sobre el moderno fenómeno del turismo de masas, nos lleva a hacer un recorrido por la historia hotelera de nuestra ciudad y a preguntarnos si dicho fenómeno no era una realidad en Donostia hace ya mucho tiempo.
Tres fondas, un restaurant y un café. El periodista Ángel Muro escribía sobre la ciudad amurallada de 1850: «Contaba San Sebastián tres fondas, una en la plaza vieja (Parador Real), otra en la de las escuelas (Parador Isabel), y la tercera entre calles, de un francés llamado Laffitte». - Fuente:

No comenta sobre la fonda que había en el barrio de San Martín para los bañistas, ni las habitaciones de particulares que se alquilaban a los menos pudientes, pero estimaba que, en verano, había una población flotante de entre 700 y 800 personas para una ciudad intramuros de unos 7.000 vecinos.


Una gran casa de huéspedes. Todo cambió en 1864 con la llegada del ferrocarril, el derribo de las murallas y la inmediata construcción del nuevo ensanche que se extendía más allá del Boulevard. La apuesta por desarrollar una ciudad balnearia hizo que elegantes edificios surgieran con gran rapidez y, entre ellos, los nuevos hoteles, a los que pronto llegó un mayor número de veraneantes.
En 1871 la edificación ya había llegado hasta la Avenida, y el municipio contaba con unos 17.000 habitantes. Estaban abiertos quince establecimientos hoteleros, dos de ellos con el rimbombante título de 'Grand Hotel': el Ezcurra, en la calle Camino 1, y el Londres, entonces en la calle Peñaflorida 9 esquina con Garibay, y después en la Avenida 21.

Grand Hotel Ezcurra, de 1870. En calle Camino 1. Cerró en 1936. Derribado
en 1941, fue sustituido por el actual edificio Pakea.
(Col. Brunet/MRF)

El apelativo francés 'Grand Hotel' hacía referencia a los nuevos establecimientos de lujo que acogían turistas y viajeros de alto standing, especialmente en las grandes capitales y en las poblaciones balnearias, relegando la denominación tradicional de 'fonda' para los hoteles de menor categoría.
En cuanto a las casas de huéspedes, la guía Manterola de 1871, prácticamente la primera guía turística de San Sebastián, comentaba: «...Encontrar pupilaje es ya tarea menos ardua merced al desarrollo que, de poco tiempo a esta parte, ha tomado esta especulación, que ha hecho de San Sebastián lo que podemos muy bien llamar una gran casa de huéspedes». Aquel año se habían inscrito en el Registro Civil más de 470 alojamientos de ese tipo.
Nuevos hoteles de lujo. Al finalizar el siglo XIX, San Sebastián se había convertido en uno de los destinos turísticos preferidos de la aristocracia y de las élites sociales, y cada año la ciudad se embellecía y se dotaba de nuevos equipamientos. En 1884 se inauguró, en el paseo de La Concha 9-11, el Grand Hotel Continental, «joya de la hostelería donostiarra», donde se instaló el primer ascensor.

A comienzos del siglo XX la población llegaba a los 40.000 habitantes y la oferta de alojamientos parecía insuficiente. El Hotel de Londres se trasladó al paseo de La Concha, pasando a llamarse Hotel de Londres y de Inglaterra, y en su lugar de la Avenida 21, se instaló el Hotel du Palais, hermano del de Biarritz, tras una importante ampliación y reforma.
En 1912, con el objetivo de atraer a clientes extranjeros y, particularmente, a la «opulenta colonia americana», se construyó de nueva planta el Hotel María Cristina, obra del mismo arquitecto francés que proyecto los hoteles Ritz de París y Madrid. Era un auténtico palacio con todas las comodidades de la época, baño en todas las habitaciones y el mayor lujo en el mobiliario.
También se inauguraron en estos años nuevos hoteles de primera categoría: El Hotel Biarritz, en la plaza de Zaragoza 3, y el Hotel Niza, en el paseo de La Concha, ambos de la familia Juantegui; el Hotel Hispano Americano, en el elegante edificio de Prim 1 esquina con el paseo de los Fueros; y el Hotel Úrsula, en Easo 10. En 1915, además, el Hotel de Londres se remodeló totalmente pasando de cuatro a seis pisos y añadiendo un remate de esquina coronado con una cúpula con una gran bola dorada.

Hotel Florida Palace. En la esquina de Zubieta con Easo. Abierto en 1926,
se cerró en 1963, año en que fue derribado.
(KMK)

Hace un siglo. A finales de la década de 1920, San Sebastián alcanzó su mayor desarrollo hotelero. En el nuevo ensanche Kursaal se inauguró en 1926, el notable edificio del Hotel Príncipe de Saboya, que envolvía con tres de sus fachadas al frontón Urumea. La ciudad llegaba ya a los 70.000 habitantes y contaba con 40 hoteles, 13 pensiones, 100 casas de huéspedes y más de 1.000 pisos de alquiler. En total no bajarían de 20.000 las camas turísticas de todo tipo, según los datos aportados por Rafael Aguirre, el recordado director del Centro de Atracción y Turismo entre 1965 y 1997.
Llama la atención esta cifra, que suponía que la ciudad llegaba a incrementar su población casi un 30% durante la temporada veraniega.
La desaparición de los antiguos hoteles. La difícil etapa que siguió a la Guerra Civil, la II Guerra Mundial y los años de postguerra, con sus cartillas de racionamiento y demás restricciones, provocó el retraimiento de la actividad turística y la consiguiente disminución del número de hoteles, registrándose sólo 30 hoteles en 1954.
Rafael Aguirre, en su libro 'El turismo en el País Vasco', explica que «en aquella época, los precios de la propiedad urbana se habían disparado y el hotel de familia, de instalaciones obsoletas y escasos beneficios, fue el objetivo apetecido de los promotores inmobiliarios. Y así fueron cayendo, uno tras otro, edificios de gran valor arquitectónico y cultural en el Ensanche Cortázar, surgiendo en su lugar vulgares construcciones».

Hotel Príncipe de Saboya, de 1926. En el paseo de Ramón María Lili.
Envolvía al frontón Urumea. Fue demolido en 1969.
(Col. Galarza / STM)

Pionero en su desaparición fue el Grand Hotel Ezcurra, de calle Camino 1. Fue derribado en 1941 para edificarse el sobrio edificio de Pakea, actualmente en vías de transformación en apartamentos de lujo.
En la década de 1960 cayeron hoteles ubicados en céntricos edificios, la mayoría de ellos en esquina como el Biarritz de la plaza de Zaragoza 3, el Europa en Prim 2, el Florida Palace en Zubieta 1, el Regina en Getaria 7, el Correo en Urbieta 41, o el San Ignacio en Easo 25. Aguirre señala como excepción el Hotel Príncipe de Saboya del Paseo Ramón María Lili, que fue demolido en 1969 y sustituido por el edificio de Moneo, Marquet, Unzurrunzaga y Zulaica.
Baratos y de muchas habitaciones. A mediados de los años 60, la guía francesa 'Guide Julliard de l'Europe' resaltaba este desolador panorama: «Se tiene la sensación de que San Sebastián, repleta de hoteles, no tiene ni uno sólo que sea verdaderamente recomendable. Cuenta con tres hoteles de lujo (Mª Cristina, Londres y Continental), ocho de primera A (solo mencionaba los hoteles Biarritz, Niza y Orly), cuatro de primera B, nueve de segunda y docenas de pensiones... El estado ruinoso y ambiente lúgubre de muchos de ellos se compensa por sus precios increíblemente bajos sobre todo fuera de temporada... Durante la Semana Grande todos los hoteles están completos y sería absurdo esperar encontrar una habitación agradable... sin embargo, decenas de miles de turistas consiguen alojamiento, debido a que todos los habitantes de San Sebastián se convierten en hoteleros y alquilan sus habitaciones».
No obstante, señalaba que «San Sebastián estaba despertando de su letargo hotelero» ya que en 1962 se habían inaugurado los modernos hoteles Orly, Codina y Avenida, y se preveía la apertura de nuevos y lujosos establecimientos como el Hotel San Sebastián (1965) en Ondarreta y el Hotel Monte Igueldo (1967).

Hotel Biarritz. En la plaza de Zaragoza, abierto entre 1911 y 1965,
año en que fue demolido. Era sucursal del Hotel Niza.
(Kutxateka)

En 1972 se derribó el Grand Hotel Continental, que fue sustituido por un edificio de viviendas. Ese mismo año también cayeron los hoteles París, en Fuenterrabía 11, e Internacional, en San Martín 59. Sin embargo, otros como el María Cristina, el Londres y el Niza, lograron resistir la especulación inmobiliaria, siendo los tres hoteles de la Belle Époque que han llegado hasta nuestros días. Diferente fue el caso del Hotel Hispano Americano, que tras su cierre en 1979 mantuvo su fachada, derribándose su interior, para instalar la Hacienda foral y más tarde transformase en viviendas.
Turismo del siglo XXI. Tras el cese de la violencia de ETA en 2011 y su disolución en 2018, el turismo en Donostia ha experimentado un notable incremento, lo que ha facilitado el auge del negocio turístico, propiciando un proceso inverso al vivido en los años 60. Numerosos edificios residenciales se han transformado en establecimientos hoteleros, a la vez que muchos pisos particulares se han convertido en viviendas turísticas, contribuyendo a agudizar problemas crónicos como la escasez y encarecimiento de la vivienda o la masificación turística en los barrios céntricos de la ciudad.
En marzo de 2023, y ante las protestas ciudadanas, el Ayuntamiento aprobó por unanimidad la suspensión de la concesión de nuevas licencias para la apertura de hoteles y viviendas de uso turístico.
Este año de 2026 se contabilizan en la ciudad 174 establecimientos hoteleros (65 hoteles y 109 pensiones), con 8.701 plazas. A ello se añaden 1.330 viviendas de uso turístico que, junto con agroturismos, albergues, campings, etc., elevan la oferta hasta 17.681 plazas en una ciudad de cerca de 190.000 habitantes, lo que supone casi un 10%, una proporción muy inferior a la existente hace un siglo (casi el 30%).
Este dato pone de manifiesto que el problema es mucho más complejo (los visitantes que vienen a pasar el día sin alojarse superan a los que pernoctan) y la necesaria conciliación entre turistas y vecinos necesitará implementar nuevas medidas para garantizar el bienestar de los donostiarras en una ciudad que debe mucho al turismo.

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