Tamborrada
Cuando aún duerme la noche
y el mar respira salitre,
Donosti despierta en cuero
y en madera que palpita.
Bajo faroles antiguos
tiemblan calles centenarias,
el tambor llama a la historia
con redoble de mañana.
Soldados de un tiempo eterno,
cocineros de alegría,
marchan juntos por la plaza
al compás de una sonrisa.
Resuena el bombo profundo,
late el pueblo en cada golpe,
y la lluvia, fiel testigo,
marca el paso de los nombres.
Veinticuatro horas de fuego,
de tradición compartida,
donde el ayer se hace canto
y el presente es melodía.
Y cuando el silencio vuelve
a abrazar la madrugada,
Donosti guarda en el pecho
el eco de su Tamborrada.